Reflexiones y vivencias en Haití
Por Mauricio Chang Salazar
Director 6º Cia. Cuerpo de Bomberos de Chillán
(18 - 02 - 2010)
 

Ver a un niño en la calle a pedir dinero puede parecer chocante, incluso para el mas duro; ¿Qué pasa cuando son cientos?, ¿Qué pasa en tu corazón cuando lo que piden es agua…?. Ver a un ser humano morir es una experiencia terrible, incluso para un medico; ¿Qué pasa cuando para donde mires hay gente muriendo?, ¿Que pasa en tu corazón cuando no puedes hacer nada por evitarlo…?. Ver un cadáver en la calle puede ser traumático, incluso para alguien acostumbrado; ¿Qué pasa cuando las calles cambian de color por los cuerpos acumulados?, ¿Qué pasa en tu corazón cuando el olor a muerte esta por todas partes…?. Esa era la realidad de Puerto Príncipe a nuestra llegada, y es que al destino no le basto con crear un país donde la pobreza y la muerte son pan de cada día, donde las guerras entre bandos han forjado la nación mas pobre a de America, donde la falta de recursos hacen que la mitad de los niños mueran antes de cumplir 2 años… al destino no le basto esto y muchas otras calamidades, sino que tuvo que arrasar con su pueblo con el peor terremoto de los últimos tiempos, sepultando a millares y creando en su interior la peor catástrofe humanitaria de que se tenga recuerdo…

El 12 de enero de este año, cerca de las 17 horas un terremoto grado 7,1 azoto la capital Haitiana sepultando los sueños y esperanzas de un pueblo que de a poco se levantaba de su propia tragedia, se estima que unas 200.000 personas fallecieron, sin embrago las estadísticas no reflejan el horror que nos toco experimentar en carne propia en aquellas lejanas tierras.

El primer equipo médico chileno partió raudo el 14 de enero a prestar su ayuda en Haití. Con escasos recursos, crearon las bases de lo que seria la labor del segundo grupo el cual partió el 21 de enero y del cual formé parte.

El 20 de enero aproximadamente a las 16 horas recibí la llamada del ministerio de salud donde se me indicaba que había sido seleccionado (dentro de unos 100 voluntarios inscritos) para partir al día siguiente a apoyar las labores humanitarias en el caribeño país. Chillan se encontraba rodeado por al menos 3 incendios forestales y la sirena del cuerpo de bomberos sonaba por segunda vez, alguien dijo –“esto parece un infierno”- que lejos estaban de saber lo que ocurría a unos 8.000 Km. de distancia.

Temprano el 21 de enero abordamos el avión presidencial en el grupo 10 de la FACH, fueron casi 8 horas de vuelo hasta Santo Domingo, Republica Dominicana. Desde ahí un poco acogedor avión Hércules nos llevo hasta Puerto Príncipe en casi 2 horas de vuelo. Instalados ya en la base que la FACH posee en dependencias de la MINUSTAH (misión de las naciones unidas para la estabilización de Haití), nos dispusimos a formar dos equipos que se encargarían de continuar con el trabajo iniciado por el grupo que relevamos, unos nos iríamos al Hopital Universitaire de la Paix, y otro a la embajada de Chile para atender las necesidades de un campamento que se había instalado frente a sus puertas en la plaza de la Primature.

El equipo hospitalario estaba formado por dos médicos, dos enfermeros, cinco paramédicos, un tecnólogo médico y un kinesiólogo, nos adosaríamos a un grupo formado por españoles, cubanos, colombianos y mexicanos. Nuestras primeras tareas fueron la puesta en marcha del equipo de rayos X, la creación de una sala de cuidados quirúrgicos y la organización interna del recinto. La situación era horrible, un hospital credo para atender a 60 pacientes tenia en sus pasillos y jardines a unas 150 personas con lesiones de distinta gravedad. Esperando atención a la entrada del mismo se había creado un campamento de heridos que aumentaba aun mas este numero. Luego de infructuosas escaramuzas, logramos trasladar a unos 40 pacientes a dos salas para el manejo de los pacientes pre y post operados, estas salas fueron conocidas como las salas Chile…

La identificación de pacientes y formación de fichas clínicas se dificultaba por la falta de hojas de evolución y lápices (cosas tan básicas…). Improvisamos con plumones y blocs de notas… la primera radiografía significó otro avance de manos de chilenos, ahora podíamos diagnosticar las numerosas fracturas que veíamos por doquier, las amputaciones se frenaron drásticamente y ahora los tratamientos se enfocaron el salvataje no solo de las vidas, sino mejor aun de extremidades de personas que su único bien es su salud para poder trabajar. En nuestra sala dos personajes se robaron la película, “Ronaldinho” un niño de escasos 12 años que acompañaba a su hermano amputado de sus piernas y que nos ayudaba a llevarles agua a los pacientes mientras jugaba con una improvisada pelota de trapos… el otro, Daniel, un muchacho que hablaba español casi perfectamente y que junto con cuidar abnegadamente a su hermana, nos ayudaba como traductor. Un día se acerco calladamente y con tono caribeño me pidió “un gran favor”, hacia 5 días que no comía y me pidió si le podía conseguir algo de comida, juntamos parte de nuestras raciones y le dimos un poco de comida a ese gran hombre. Tiempo después se acerco nuevamente y me dio las gracias “en nombre de su pueblo” por la ayuda que les habíamos dado a todos los enfermos que ahí se encontraban, nos miramos con Marcelo, un paramédico de los Vilos, y nuestros ojos se nublaron, nos dimos las mano, un abrazo y saldamos la deuda.

La primera tarea estaba lista, ahora necesitábamos resolver definitivamente las lesiones mas graves que requerían cirugías especializadas. Sebastian, un medico rancagüino se encargo de hacer contactos en los distintos hospitales de campaña que cientos de países habían establecido en varios puntos de Puerto Príncipe. Habían pasado ya dos semanas desde el terremoto y, en un camión de la ONU, partía rumbo al hospital del sagrado corazón a cargo de un equipo franco-americano, con 8 pacientes y sus familias para realizarles la cirugía definitiva que requerían, fue mi primer contacto con la doctora Michelle, una mujer extraordinaria, directora de este hospital y que se daba el tiempo de recibir cada uno de estos pacientes decidiendo de inmediato cuales entrarían a pabellón ese mismo día. Era casi una hora de camino por calles destruidas, sobre escombros hoyos, cada uno de los cuales provocaba gritos de dolor en esta gente que ya casi no tenia esperanzas. Mucho mas cerca estaba el hospital Belga donde el doctor Paul con un español algo mas que modesto, siempre tenia una sonrisa y hasta complicidad para recibir los pacientes que, en camilla, llegaba a entregarles.

Todos estos profesionales demostraban así, diariamente su compromiso y altruismo al estirar los limites de su respectivas capacidades, pero lejos lo mas importante era su humanidad, en un lugar donde la felicidad había quedado sepultada por murallas y tierra, ellos tenían el tiempo de sonreír y crear un ambiente de trabajo que nos hacia olvidar el cansancio, el sueño y todas las adversidades con las cuales nos topábamos. Así luego de unos diez días habíamos evacuado a unos 80 pacientes y ya estábamos disponibles para recibir otros tantos para sus cuidados post operatorios, los equipos locales ya se habían incorporado a nuestro trabajo y era la hora de que tomaran las riendas de su hospital…

En el trabajo diario en el Hopital Universitaire de la Paix, los lazos crecían día a día entre los equipos; Personajes destacados eran los españoles Flypa y el gordo Jandula siempre corriendo a reparar lo que se les pusiera por delante, Irene y Arantxa, traumatólogas que nunca demostraron cansancio a la hora de ver un paciente.

Los colombianos Juan Pablo, joven medico que desbordaba cariño y preocupación para con el que se cruzara, siempre tenia una golosina para un niño, Lorena, valentina médicos que podían dar vuelta el mundo para velar por sus pacientes. Mención aparte merece Carlos guillen y Blas, cubanos que no les bastaba llevar mas de dos años en la isla sino que trabajaban de sol a sol a pesar del cansancio patente en sus caras, ellos eran la base de este hospital latinoamericano modelo, como lo llamo la prensa española en sus crónicas.

Eran muchos mas y debo pedir disculpas por no nombrarlos, pero son los que mas se destacaron frente a este servidor, sin embargo no puedo dejar de nombrar a mi equipo, el mejor que podría haber elegido para trabajar en tan desolado lugar: Jorge, nuestro jefe y guía en puerto príncipe, un tipo extraordinario que supo mantenernos a flote a pesar del estrés moral que nos aquejaba, Yuri, su reemplazante, hombre con ideas claras y con la frontalidad que la situación ameritaba, Marcelo y Gabo siempre contentos y sonrientes, junto con Ulises fueron el motor de nuestra sala “Chile”, Mario que se transformo en nuestro logístico, un verdadero mago del “recurso”, ja ja. Guido que se bajo del caballo de la tecnología para hacer un trabajo de artesanía en rayos que deslumbro a todos, Cristian, siempre con su picardía alegrando el día, Patricio y Sofía que literalmente empaparon la camiseta en su atención de pediatría ganándose la admiración del equipo español, Sebastian, nuestro líder nato, nuestro contacto a todo nivel el pilar del equipo.

Para el final debo dejar a Fernando, a quien ya tenia el gusto de admirar desde mucho antes y que sin ningún esfuerzo se gano el cariño y respeto de todo el mundo, nuestro ángel, y la personas que nos animaba a seguir adelante cuando el panorama se oscurecía a nuestro alrededor.

No quisiera terminar esta reseña sin nombrar y agradecer al equipo de la FACH que se encargo que no nos faltara nada, Coronel Silva que nos mostró un grupo armado destinado a la paz y la cooperación internacional, sin fuerza, sin violencia, solo dedicación y vocación, coronel Slater que nos cooperó con todo lo que estuvo en sus manos. Tantas personas que hicieron de esta experiencia la mas grande historia de amor de la cual me haya tocado ser parte.