Ver
a un niño en la calle a pedir dinero puede parecer
chocante, incluso para el mas duro; ¿Qué
pasa cuando son cientos?, ¿Qué pasa en tu
corazón cuando lo que piden es agua…?. Ver
a un ser humano morir es una experiencia terrible, incluso
para un medico; ¿Qué pasa cuando para donde
mires hay gente muriendo?, ¿Que pasa en tu corazón
cuando no puedes hacer nada por evitarlo…?. Ver
un cadáver en la calle puede ser traumático,
incluso para alguien acostumbrado; ¿Qué
pasa cuando las calles cambian de color por los cuerpos
acumulados?, ¿Qué pasa en tu corazón
cuando el olor a muerte esta por todas partes…?.
Esa era la realidad de Puerto Príncipe a nuestra
llegada, y es que al destino no le basto con crear un
país donde la pobreza y la muerte son pan de cada
día, donde las guerras entre bandos han forjado
la nación mas pobre a de America, donde la falta
de recursos hacen que la mitad de los niños mueran
antes de cumplir 2 años… al destino no le
basto esto y muchas otras calamidades, sino que tuvo que
arrasar con su pueblo con el peor terremoto de los últimos
tiempos, sepultando a millares y creando en su interior
la peor catástrofe humanitaria de que se tenga
recuerdo…
El 12 de enero de este año, cerca de las 17 horas
un terremoto grado 7,1 azoto la capital Haitiana sepultando
los sueños y esperanzas de un pueblo que de a poco
se levantaba de su propia tragedia, se estima que unas
200.000 personas fallecieron, sin embrago las estadísticas
no reflejan el horror que nos toco experimentar en carne
propia en aquellas lejanas tierras.
El primer equipo médico chileno partió raudo
el 14 de enero a prestar su ayuda en Haití. Con
escasos recursos, crearon las bases de lo que seria la
labor del segundo grupo el cual partió el 21 de
enero y del cual formé parte.
El 20 de enero aproximadamente a las 16 horas recibí
la llamada del ministerio de salud donde se me indicaba
que había sido seleccionado (dentro de unos 100
voluntarios inscritos) para partir al día siguiente
a apoyar las labores humanitarias en el caribeño
país. Chillan se encontraba rodeado por al menos
3 incendios forestales y la sirena del cuerpo de bomberos
sonaba por segunda vez, alguien dijo –“esto
parece un infierno”- que lejos estaban de saber
lo que ocurría a unos 8.000 Km. de distancia.
Temprano
el 21 de enero abordamos el avión presidencial
en el grupo 10 de la FACH, fueron casi 8 horas de vuelo
hasta Santo Domingo, Republica Dominicana. Desde ahí
un poco acogedor avión Hércules nos llevo
hasta Puerto Príncipe en casi 2 horas de vuelo.
Instalados ya en la base que la FACH posee en dependencias
de la MINUSTAH (misión de las naciones unidas para
la estabilización de Haití), nos dispusimos
a formar dos equipos que se encargarían de continuar
con el trabajo iniciado por el grupo que relevamos, unos
nos iríamos al Hopital Universitaire de la Paix,
y otro a la embajada de Chile para atender las necesidades
de un campamento que se había instalado frente
a sus puertas en la plaza de la Primature.
El equipo hospitalario estaba formado por dos médicos,
dos enfermeros, cinco paramédicos, un tecnólogo
médico y un kinesiólogo, nos adosaríamos
a un grupo formado por españoles, cubanos, colombianos
y mexicanos. Nuestras primeras tareas fueron la puesta
en marcha del equipo de rayos X, la creación de
una sala de cuidados quirúrgicos y la organización
interna del recinto. La situación era horrible,
un hospital credo para atender a 60 pacientes tenia en
sus pasillos y jardines a unas 150 personas con lesiones
de distinta gravedad. Esperando atención a la entrada
del mismo se había creado un campamento de heridos
que aumentaba aun mas este numero. Luego de infructuosas
escaramuzas, logramos trasladar a unos 40 pacientes a
dos salas para el manejo de los pacientes pre y post operados,
estas salas fueron conocidas como las salas Chile…
La
identificación de pacientes y formación
de fichas clínicas se dificultaba por la falta
de hojas de evolución y lápices (cosas tan
básicas…). Improvisamos con plumones y blocs
de notas… la primera radiografía significó
otro avance de manos de chilenos, ahora podíamos
diagnosticar las numerosas fracturas que veíamos
por doquier, las amputaciones se frenaron drásticamente
y ahora los tratamientos se enfocaron el salvataje no
solo de las vidas, sino mejor aun de extremidades de personas
que su único bien es su salud para poder trabajar.
En nuestra sala dos personajes se robaron la película,
“Ronaldinho” un niño de escasos 12
años que acompañaba a su hermano amputado
de sus piernas y que nos ayudaba a llevarles agua a los
pacientes mientras jugaba con una improvisada pelota de
trapos… el otro, Daniel, un muchacho que hablaba
español casi perfectamente y que junto con cuidar
abnegadamente a su hermana, nos ayudaba como traductor.
Un día se acerco calladamente y con tono caribeño
me pidió “un gran favor”, hacia 5 días
que no comía y me pidió si le podía
conseguir algo de comida, juntamos parte de nuestras raciones
y le dimos un poco de comida a ese gran hombre. Tiempo
después se acerco nuevamente y me dio las gracias
“en nombre de su pueblo” por la ayuda que
les habíamos dado a todos los enfermos que ahí
se encontraban, nos miramos con Marcelo, un paramédico
de los Vilos, y nuestros ojos se nublaron, nos dimos las
mano, un abrazo y saldamos la deuda.
La
primera tarea estaba lista, ahora necesitábamos
resolver definitivamente las lesiones mas graves que requerían
cirugías especializadas. Sebastian, un medico rancagüino
se encargo de hacer contactos en los distintos hospitales
de campaña que cientos de países habían
establecido en varios puntos de Puerto Príncipe.
Habían pasado ya dos semanas desde el terremoto
y, en un camión de la ONU, partía rumbo
al hospital del sagrado corazón a cargo de un equipo
franco-americano, con 8 pacientes y sus familias para
realizarles la cirugía definitiva que requerían,
fue mi primer contacto con la doctora Michelle, una mujer
extraordinaria, directora de este hospital y que se daba
el tiempo de recibir cada uno de estos pacientes decidiendo
de inmediato cuales entrarían a pabellón
ese mismo día. Era casi una hora de camino por
calles destruidas, sobre escombros hoyos, cada uno de
los cuales provocaba gritos de dolor en esta gente que
ya casi no tenia esperanzas. Mucho mas cerca estaba el
hospital Belga donde el doctor Paul con un español
algo mas que modesto, siempre tenia una sonrisa y hasta
complicidad para recibir los pacientes que, en camilla,
llegaba a entregarles.
Todos
estos profesionales demostraban así, diariamente
su compromiso y altruismo al estirar los limites de su
respectivas capacidades, pero lejos lo mas importante
era su humanidad, en un lugar donde la felicidad había
quedado sepultada por murallas y tierra, ellos tenían
el tiempo de sonreír y crear un ambiente de trabajo
que nos hacia olvidar el cansancio, el sueño y
todas las adversidades con las cuales nos topábamos.
Así luego de unos diez días habíamos
evacuado a unos 80 pacientes y ya estábamos disponibles
para recibir otros tantos para sus cuidados post operatorios,
los equipos locales ya se habían incorporado a
nuestro trabajo y era la hora de que tomaran las riendas
de su hospital…
En el trabajo diario en el Hopital Universitaire de la
Paix, los lazos crecían día a día
entre los equipos; Personajes destacados eran los españoles
Flypa y el gordo Jandula siempre corriendo a reparar lo
que se les pusiera por delante, Irene y Arantxa, traumatólogas
que nunca demostraron cansancio a la hora de ver un paciente.
Los
colombianos Juan Pablo, joven medico que desbordaba cariño
y preocupación para con el que se cruzara, siempre
tenia una golosina para un niño, Lorena, valentina
médicos que podían dar vuelta el mundo para
velar por sus pacientes. Mención aparte merece
Carlos guillen y Blas, cubanos que no les bastaba llevar
mas de dos años en la isla sino que trabajaban
de sol a sol a pesar del cansancio patente en sus caras,
ellos eran la base de este hospital latinoamericano modelo,
como lo llamo la prensa española en sus crónicas.
Eran
muchos mas y debo pedir disculpas por no nombrarlos, pero
son los que mas se destacaron frente a este servidor,
sin embargo no puedo dejar de nombrar a mi equipo, el
mejor que podría haber elegido para trabajar en
tan desolado lugar: Jorge, nuestro jefe y guía
en puerto príncipe, un tipo extraordinario que
supo mantenernos a flote a pesar del estrés moral
que nos aquejaba, Yuri, su reemplazante, hombre con ideas
claras y con la frontalidad que la situación ameritaba,
Marcelo y Gabo siempre contentos y sonrientes, junto con
Ulises fueron el motor de nuestra sala “Chile”,
Mario que se transformo en nuestro logístico, un
verdadero mago del “recurso”, ja ja. Guido
que se bajo del caballo de la tecnología para hacer
un trabajo de artesanía en rayos que deslumbro
a todos, Cristian, siempre con su picardía alegrando
el día, Patricio y Sofía que literalmente
empaparon la camiseta en su atención de pediatría
ganándose la admiración del equipo español,
Sebastian, nuestro líder nato, nuestro contacto
a todo nivel el pilar del equipo.
Para
el final debo dejar a Fernando, a quien ya tenia el gusto
de admirar desde mucho antes y que sin ningún esfuerzo
se gano el cariño y respeto de todo el mundo, nuestro
ángel, y la personas que nos animaba a seguir adelante
cuando el panorama se oscurecía a nuestro alrededor.
No
quisiera terminar esta reseña sin nombrar y agradecer
al equipo de la FACH que se encargo que no nos faltara
nada, Coronel Silva que nos mostró un grupo armado
destinado a la paz y la cooperación internacional,
sin fuerza, sin violencia, solo dedicación y vocación,
coronel Slater que nos cooperó con todo lo que
estuvo en sus manos. Tantas personas que hicieron de esta
experiencia la mas grande historia de amor de la cual
me haya tocado ser parte.
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